(2013-11-11) Del origen de la Justicia a la ley de tasas ( I )

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DEL ORIGEN DEL DERECHO

A

LAS TASAS DE HOY

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Manuel de Cristóbal López
Abogado ICAM (col. 56.250)
MADRID

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1 Estado y Justicia

La naturaleza del Estado es muy discutible pero, según nuestro esquema actual, el Estado parte o nace de una Constitución y sí lo queremos, en un sentido amplio, podemos incluir las declaraciones de independencia.

Todas las constituciones y declaraciones de independencia comienzan más o menos del siguiente modo: Los ciudadanos reunidos deciden crear un Gobierno mediante esa Constitución para conseguir la felicidad de todos los ciudadanos. Ejemplos:

o La Declaración de independencia de los Estados Unidos en 1776: “Sostenemos como evidentes por sí mismas dicha verdades: que todos los hombre son creados iguales, que son dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables, que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la felicidad.”

o La Constitución de Cundinamarca (Colombia) de 1811: “… que reunido por medio de representantes libre, pacífica y legalmente el pueblo soberano …., con el fin de acordar la forma de gobierno que considerase más propia para hacer la felicidad pública …”

o La Constitución de Japón (artículo 13): “… derecho a la vida, a la libertad y la búsqueda de la felicidad …”

o La Constitución de Corea (artículo 10) habla sobre: “… la dignidad humana y la búsqueda de la felicidad…”

o En 2010, el derecho a la felicidad pasó su primera votación en Brasil.

El Estado para permitir la felicidad de sus ciudadanos, como primer requisito, necesita conseguir la paz y la prosperidad.

Y para alcanzar esa paz se produce una transferencia del derecho de autotutela de sus derechos desde el individuo al Estado, de modo que el Estado prohíbe la violencia privada y se compromete a ejercer una violencia ritualizada y reglada, por todos conocida, como sistema de justicia.

Pasamos, pues, de la autoprotección sin límites que provoca una espiral de violencia a la Ley del Talión que limita la venganza y, con el tiempo, llegamos a los modernos códigos.

Si te matan a un hijo, tú no puedes matar a toda la familia del agresor (autoprotección sin límites), ni a otro hijo del agresor (Ley del Talión). El Estado para permitir la vida en sociedad, exige que se le transfiera ese derecho y él se compromete a ejercer la venganza en nombre de la víctima. De este modo, la sociedad y todos sus miembros pueden seguir viviendo pacíficamente y a esto es a lo que hoy llamamos justicia. Ésta es su génesis, su origen.

En el Critón, uno de los escritos de la primera época de Platón y estamos hablando de aproximadamente el año 396 antes de Cristo, cuando a Sócrates ya condenado a muerte le ofrecen fugarse y salvar la vida, aparecen las siguientes y reveladoras frases con relación a la cesión de autotutela de los derechos del ciudadano al Estado:

“Sócrates ¿es esto lo que convinimos tú y nosotras (las leyes), o más bien convinimos permanecer fieles en las decisiones judiciales que la ciudad determinase?

¿Acaso … se te escapa que … hay que respetar y obedecer y halagar más a la patria sí se irrita, que al padre; y que hay que persuadirla u obedecerla en lo que ella mande; y que si manda sufrir algo, hay que soportarlo con mansedumbre, ya sea ser azotado como ser encarcelado, o ir a la guerra para ser herido o morir, y haya que hacer esto porque es lo justo.

Nosotras (las leyes) te hemos engendrado, cuidado y educado, y te hemos hecho partícipe de todos los bienes que hemos podido, a ti y a todos los demás ciudadanos y, a pesar de esto, declaramos públicamente que cualquier ateniense que lo desee, después de que haya alcanzado la ciudadanía y haya conocido los asuntos público y a nosotras, las leyes, si no le satisfacemos, puede libremente coger sus cosas y marcharse a donde quiera …

Pero aquel de vosotros que se quede, sabiendo de qué manera nosotras hacemos justicia y administramos la ciudad en los demás aspectos, afirmamos que éste, de hecho, está de acuerdo con nosotras en hacer lo que nosotras ordenamos …

¿A quien le agradaría una ciudad sin leyes?

¿No vas a permanecer fiel ahora a lo acordado?

En fin Sócrates, obedécenos a nosotras, que te hemos criado, y ni a tus hijos ni a tu vida ni a ninguna otra cosa estimes en más que a la justicia …”

Vemos el concepto de obediencia debida pero olvida el de ley justa, prevención de la arbitrariedad, etc. etc. No es que Sócrates fuese mal jurista es que, en esa época, se desconocían algunos conceptos que hoy, en día, damos por supuestos.

***Nota: cuando se habla de Estado se incluye a las Comunidades Autónomas.

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2 Justicia y Derecho

El criterio abstracto de la justicia se plasma en algo mucho más real que es el Derecho escrito, consuetudinario, etc…, con lo cual la justicia ha pasado a ser una aspiración y el derecho aquello con lo cual hay que luchar para conseguirlo.

La justicia la declaramos aspiración y el derecho una sombra de la justicia mediante la cual aspiramos a alcanzarla algún día.

Digámoslo aún más claro, la legalidad es una aspiración y la justicia una entelequia, una veleidad del subconsciente.

Como decíamos antes, yo transfiero mi derecho de venganza al Estado y el Estado nace para gestionar ese derecho transferido y, de este modo, poner las bases para alcanzar la felicidad mediante algo que llamamos justicia.

El Estado nace para fijar un derecho escrito, de todos conocido y, para llevarlo a la práctica, pero no cualquier texto, sino un texto justo que es aquél que nos permite a todos alcanzar la felicidad.

El ideal de justicia ha desaparecido y hemos pasado a llamar justicia al conjunto de instrumentos que nos permiten aspirar a la felicidad.

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3 Una propuesta del Derecho actual

Si el Estado se fundamenta en conseguir la felicidad y para ello es necesaria la paz, la existencia del Estado se sostiene por su esfuerzo para conseguir la paz social. Y esto solamente se consigue mediante la aplicación del Derecho.

Después de esta pequeña recapitulación, si el Estado renuncia al monopolio del Derecho, volvemos a la autotutela y, por lo tanto, el Estado pasa a convertirse en una pandilla de mafiosos que cobran impuestos. Esta afirmación ya fue realizada en el pasado de un modo mucho más perfecto, con una forma más elegante. En “La ciudad de Dios” de San Agustín, leemos: ¿Quienes son los Estados sin Justicia, sino cuadrillas de bandoleros a gran escala? Y puntualizo: esto se escribió en el siglo V.

Si el Estado exige que se acuda a los Tribunales de Justicia para resolver los conflictos sociales y asegurar la paz, ese hecho ha de ser necesariamente gratuito porque es una obligación que impone. Y digo que debe ser gratuito porque toda obligación impuesta por el Estado debe ser gratuita:

o La educación obligatoria, precisamente por ser obligatoria, es gratuita con independencia de que uno pueda acudir a un Colegio privado.

o La obligación de someterse a un “test” de alcoholemia debe ser gratuita.

o El servicio militar era obligatorio, y mientras se prestaba, el Estado corría con la manutención de los soldados. Era una obligación de 24 horas y, por tanto, se sostenía a los individuos.

o La pena de cárcel, es una imposición del Estado también de 24 horas y, por lo tanto, al no ser voluntaria, el Estado corre con la manutención de los presos.

o Y llegaríamos a otras situaciones actuales que nos parecen normales pero que, en abstracto, resultan sangrantes. ¿Creen Vds. que hay que pagar al Estado para no ser detenido aleatoriamente? En principio, no. Nunca admitiríamos un impuesto para evitar una detención aleatoria. Pero si no estoy identificado me pueden detener y, para estar identificado, tengo que pagar una tasa, sin cuyo pago no me expiden el DNI. De este modo, evito que sí me piden la identificación, y no la tengo, me detengan. Luego, se está pagando una tasa para evitar que aleatoriamente se pueda ser detenido en la calle.

Pero dejemos estas cuestiones teóricas y pasemos a las prácticas. Todos los aquí presentes y la población en general, tenemos clara la diferencia entre derecho y obligación.

Decíamos que el Estado nace para permitir la felicidad y, por ese hecho, acepta la obligación de administrar justicia.

( continua Parte I I---> )

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