(2013-10-29) Madre no hay mas que una



Madre no hay mas que una



El otro día leí una noticia que me hubiese gustado poder enviar a mi profesor de Derecho Romano. Aquel profesor era tan pluscuamperfecto que hablaba castellano con acento de latín. Hablaba raro, silbaba las eses, alargaba algunas silabas, así que, inteligentemente, llegamos a la conclusión de que sus peculiaridades fónicas procedían del latín.

El profesor tenía una colección gigante de casos prácticos que era imposible aprender de memoria. Algunos de aquellos dichosos casos eran de los llamados “De feliz idea”. Me explico: o los alumnos estábamos iluminados aquel día o el problema no había modo de resolverlo. Recuerdo un examen, no una clase, donde la cuestión no se resolvía con la dichosa acción noxal, sino aplicando el principio de “madre no hay más que una”. Nunca he tenido claro ese principio, porque, cortado el cordón umbilical ¿qué niño corresponde a qué madre? En aquellos dichosos problemas nunca supe quien era la madre.

Ahora me encuentro con un caso ocurrido en la India, donde la maternidad de alquiler es un negocio que mueve, casi quinientos millones de euros al año, y ha generado indirectamente toda una industria sanitaria con modernos hospitales para atender todo lo que precisa tal negocio. Veamos el caso, el estudio del caso de los problemas de Derecho Romano que, ahora, en pleno siglo XXI, se ha puesto de moda.

Pepe, "ciudadano" español, se casa con Mirta, ciudadana argentina, con doble nacionalidad (española), y ambos residen en Barcelona. Como no pueden tener hijos y, en España, la gestación de alquiler se encuentra fuera del tráfico comercial, se desplazan a la India, donde con esperma de Pepe y un óvulo donado por una “anónima ciudadana hindú” se consigue un embrión, gracias a un médico pakistaní, maquinaria japonesa y un laboratorio norteamericano.

Se contrata un vientre de alquiler (otra hindú) que da a luz en una moderna Clínica y acuden al momento del parto: la parturienta, como es lógico, el médico, la matrona, Pepe y su esposa Mirta.

Cuando la matrona levanta el acta correspondiente, similar a nuestro “parte médico de alumbramiento”, pone que ha nacido una niña, cuyo padre es el que figura en el contrato de alquiler de vientre que aporta la parturienta, y a la parturienta ni se le nombra porque pertenece a una casta innombrable, y la legislación del país, en este tipo de casos, así lo regula. A falta de madre, nada mejor que la cónyuge del padre porque, a fin de cuentas, está casada con él, en régimen de gananciales, ha pagado la mitad de la factura del hospital, y va a ser quien en los próximos meses (e incluso años) no dormirá por las noches, quien cambiará los pañales y hará todas esas cosas que nunca he entendido que gracia tienen y porque hacen tanta ilusión.

La legislación hindú de 2002, dice que la maternidad subrogada es legal y que son progenitores biológicos del nacido quienes realizaron el encargo que figura en el contrato de alquiler de vientre.

No debe llamarnos tanto la atención porque en España, en los casos de padre desconocido, nos inventamos uno: en los casos de donaciones de óvulo y/o esperma, el progenitor donante es desconocido, se prohíbe la investigación de su identidad y, en la partida de nacimiento, consta el cónyuge y, si no existe, un padre ficticio.

Volvamos a nuestro caso, Pepe y Mirta constan como padres de una niña nacida en suelo hindú a quien India no reconoce como ciudadana suya y no le facilita un pasaporte para salir del país, no le permite tampoco acceder al Registro Civil pues, a fin de cuentas, es “hija” de unos extranjeros, que ya han pagado la factura de la Clínica y el único interés político, social y económico, es que abandonen cuanto antes el país para dejar sitio a la siguiente pareja.

Cuando Pepe y Mirta llegan a la Embajada Española, o al Consulado, a pesar de que Pepe consta como padre y Mirta que también es española (tiene doble nacionalidad), consta como madre, reciben una “denegación verbal“ de inscripción de nacimiento de la niña, argumentándoles verbalmente que ellos saben que es una gestación de alquiler y que, al no ser legal en España, no se permite dicha inscripción.

La obligación recogida en la Ley 30/1992, de realizar las denegaciones de forma escrita y motivada, en el Consulado no tiene mucha aplicación. La indefensión que produce una denegación verbal, es una práctica tan habitual que no es indefensión, es el "procedimiento ordinario".

Contaba mi profesor de Derecho Administrativo que las ventanillas de entradas de documentos estaban para registrar la entrada de papel, y que el funcionario, normalmente un auxiliar administrativo de nivel 12 ó 14, ni tenía la categoría, ni estaba destinado en la unidad con capacidad para resolver el asunto.

El principio de que un ciudadano español puede contratar en el extranjero con ciudadanos extranjeros, según la ley y la costumbre del país, en este caso, no se sabe por qué no se aplica.

El principio de que es español el hijo de un español, recordemos que el esperma procede de Pepe, ciudadano español, también queda anulado, se desconoce porqué motivo.

El Consulado español exige a los padres que, en el “Acta de la matrona”, conste la madre natural de la niña y si así lo hacen, estudiarán el caso. Ésta es la más ilógica de todas las posiciones:

El Cónsul español no puede enmendar la legislación del país donde se encuentra destinado, aunque sólo sea por cortesía diplomática y por la buena marcha de las relaciones bilaterales:


-Si tan grave es lo ocurrido, no puede obligar a un español a que se autoinculpe, ni tampoco exigirle que aporte pruebas de esa autoinculpación.

-Si la legislación hindú atribuye la maternidad a Mirta, y la ley hindú es la ley del lugar de nacimiento, el Cónsul español no tiene potestad para privar a Mirta de ese derecho que la ley extranjera reconoce a una española.

-No es posible, administrativamente, poner condiciones previas, de un modo verbal, para el estudio de un caso en un expediente administrativo.

-No recuerdo, salvo para los delitos, que sea posible la prohibición de un comportamiento o actividad en el extranjero a un español, salvo que sea un delito en España, y en este caso, sólo son perseguibles en determinadas ocasiones.

La conclusión de todo esto es simple: la maternidad subrogada está prohibida en España pero ¿es un ilícito civil-administrativo o es un ilícito penal? Si es un ilícito civil no puede perseguirse en el extranjero. Si es un ilícito penal, cabe preguntarse sí es de los que cometidos en el extranjero pueden perseguirse en España o no. Los delitos que pueden perseguirse en España, aun cuando no sean delitos en el país en que se cometen, son los delitos contra la humanidad y, no creo que sean conductas comparables.

Desde un punto de vista administrativo, ni la legislación española, ni el Cónsul español tiene capacidad para imponer condiciones a una autoridad extranjera en su propio territorio.

Cabría preguntarse qué pruebas objetivas y no simples convencimientos personales tiene el Cónsul para actuar así, tanto más cuando esa prueba debe constar en el expediente administrativo del Consulado porque no nos encontramos ante una materia discrecional.

Desde un punto de vista constitucional, Pepe es el padre o progenitor biológico de la hija y así saldría en una prueba de ADN. Entonces ¿qué hace diferente a esta niña del resto de los hijos? El hijo tiene derecho a que se reconozca quien es su padre y para ello es suficiente el acta de la matrona, sin perjuicio de una posterior reclamación y/o impugnación judicial de la paternidad. ¿Cuál es el motivo por el que existiendo el documento se discrimina a esta niña frente a otros menores?

Si todos los hijos son iguales ante la ley y, biológicamente, es hija de Pepe ¿por qué a esta niña se le niega la inscripción de su padre?

Si todos los españoles son iguales ante la ley ¿por qué unos tienen que probar el modo de las concepción y otros no?

Si un español detecta que un niño inscrito como suyo en el Registro Civil no es su hijo, y no insta la modificación en ese Registro, provoca que la falsedad se convierta en realidad y que nadie pueda cambiarla. Es mas, si puede reconocerse la paternidad de un hijo a sabiendas de la falsedad del reconocimiento ¿por qué, en este caso, no se permite?

Tradicionalmente se niega la inscripción cuando de ella se deduce un delito (hijo incestuoso). ¿Por qué se exige para esta inscripción que se aporten los datos de un eventual delito?

Desde la aprobación de nuestra Constitución en 1978, todos los hijos son iguales, independientemente de cual sean las condiciones de su procreación.

Y, por último, le preguntaría a mi profesor de Derecho Romano:

¿Padre no hay más que uno?

¿Madre no hay mas que una? De eso hablaremos otro día

Pero...

¿Cuál es la feliz idea que resuelve este caso?:

Escrito por Antonio_2000

para http://www.asesoria-legal-ya.com

P.D.
De todas formas, tras toda esta discusión sobre un caso real, del año 201X, tal vez fuera conveniente que remitieran al Consulado Español correspondiente la Resolucion de la DGRN correspondiente.
Firmado
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